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Historias exitosas / Industria colombiana siembra paz y desarrollo junto a cultivos de palma


07.11.05
Casi a punto de cerrar por la alta carga laboral que mantenía con sus trabajadores y el asedio de grupos subversivos.

Indupalma logró levantar la empresa casi de las cenizas, mediante cooperativas de trabajo asociado y la capacitación de su gente. Hoy la zona se ha vuelto pujante y la paz se respira de nuevo.

Por Zaira Sánchez, de ContenidoInteligente   
  
"Educación" es una palabra que no puede dejar de mencionarse en la historia de Indupalma, porque sin ella el relato carece de total veracidad. Sin ese vocablo es imposible creer que esta empresa agroindustrial colombiana resurgió como el ave fénix, luego de estar en quiebra, ser asediada por grupos guerrilleros, y mantener una relación tensa con sus trabajadores, con quienes tenía una gran carga laboral de una relación paternalista heredada.

Durante las décadas de los 70, 80 y la mitad de los 90, Indupalma lo tenía todo en contra: sus trabajadores, que aun teniendo cubiertos los gastos eran muy poco productivos; y los grupos subversivos de la zona (Autodefensas Unidas de Colombia, AUC; y Ejército de Liberación Nacional, ELN), que habían infiltrado la empresa y eran responsables de la relación tirante entre empleados y gerentes.

Los trabajadores recibían desde la comida y la vivienda, hasta las pensiones y los servicios de salud, a cambio de una productividad muy baja. "Era una empresa con una convención colectiva absolutamente irracional: del 100% de los ingresos, el 84% se iba en costos laborales o beneficios que recibían los trabajadores", afirma Rubén Darío Lizarralde, gerente de Indupalma.

Por su parte, los grupos subversivos habían penetrado los sindicatos y utilizado las negociaciones colectivas para intimidar a la empresa, y así ganar conquistas laborales que se convirtieron en el principal elemento que atentó contra la estabilidad económica de Indupalma.

Es en 1995 cuando realmente comienzan los cambios en la empresa, al renunciar a la intimidación de los grupos guerrilleros y hacerle ver a sus trabajadores que la Indupalma todopoderosa podría perecer. "Realmente estaba quebrada. Era una empresa que tuvo que valorizar activos para no entrar en un proceso de liquidación", recuerda Lizarralde.

Trabajo asociativo, una de las claves de éxito

Los trabajadores de Indupalma no iban a perder los beneficios que habían ganado durante años: vivienda, servicios públicos, alimentación, educación para los hijos, salud, pensiones. La nueva gerencia no pretendía quitarles lo que ya tenían, pero tampoco deseaba contratar nuevo personal bajo las mismas condiciones.

El acuerdo al que llegaron para salir a flote, era contratar nueva mano de obra a través de cooperativas de trabajo asociado. De esta manera, Indupalma evitaba asumir una carga laboral similar a la de los antiguos empleados y buscaba incrementar la productividad.

En diciembre de 1995, la empresa contrata con una cooperativa de la zona una labor por 36.216 dólares. De ahí en adelante, las contrataciones a cooperativas se incrementaron hasta alcanzar casi 4 millones de dólares para finales del 2001, según registra un documento del Banco Mundial. La productividad de la mano de obra se duplicó en el período de 1995 a 1999.

Educación, la columna vertebral

Sin embargo, Indupalma está ubicada en una zona rural, en el Magdalena medio (en municipios de Santander del Norte, Santander y Cesar), donde la población solía tener un nivel de escolaridad muy bajo. Por lo que la contratación de fuerza laboral mediante las cooperativas no podía venir sin el acompañamiento de un proceso educativo. Más aún, considerando que los asociados a las cooperativas pasaban de ser empleados a empresarios.

Desde 1995, el proceso de reingeniería de Indupalma ha estado soportado en la educación de sus empleados y de los asociados a las cooperativas, en todos los niveles y en todos los aspectos: educación para la vida, para el trabajo y para hacer empresa.

Y de eso pueden dar fe los propios asociados: "Indupalma inició la capacitación como un compromiso y lo sigue manteniendo. Ha sido la educación, el diálogo, el acercamiento que ha tenido la empresa lo que ha generado confianza", afirma Juan Bautista Moreno, representante de la cooperativa Asopalma, una de las 18 que mantiene contratos con la empresa agroindustrial.

Paralelamente, Indupalma fue fortaleciendo su direccionamiento estratégico y logró las certificaciones ISO 9000 e ISO 14000. "Hemos tenido un proceso educativo de 9 años ininterrumpidos. Este proceso no ha parado y no va a parar. Es una inversión que consideramos se revierte para beneficio nuestro", sostiene Lizarralde.

Asociados, nuevos capitalistas

Una nueva visión de la vida y de las oportunidades es lo que tienen los asociados a las cooperativas. Muchos de los que iniciaron labores con Indupalma mediante esta modalidad asociativa, confiesan que para el momento no tenían bolígrafos, ni computadores, ni papel.

A casi 10 años de la nueva Indupalma, cada cooperativa cuenta con sede propia, un número creciente de asociados, equipos de oficina, sistemas automatizados, maquinaria industrial, vehículos de transporte y, cinco cooperativas son dueñas de proyectos de producción de palma, en los que trabajan sus propias tierras y las pagan con el fruto obtenido, que venden a Indupalma.

Estos proyectos son los que, quizás, más satisfacción han dado a la gerencia de Indupalma y a los asociados. Son 3000 hectáreas de terreno, por un valor de 8 millones de dólares, cuya propiedad es de cada uno de los asociados a las cooperativas que manejan estos proyectos.

"Cada uno es dueño de 10 hectáreas productivas. Diseñamos la estructura jurídica y financiera de esos proyectos, conseguimos los créditos, vinculamos a las fiduciarias para que manejaran los recursos de manera transparente. Y, hoy, esos proyectos no tienen una valorización inferior a 15 millones de dólares", afirma Lizarralde.

Paz y bienestar que se extiende a la comunidad

Un proyecto cooperativo como el que inició Indupalma, no puede estar completo si no favorece a la comunidad de su entorno. Y como muestra de que el mismo funciona positivamente, los pobladores de San Alberto y San Rafael disfrutan de una tranquilidad y una paz que otrora no conocían.

Tal y como afirma un asociado que labora con Indupalma, Cristian Alberto Álvarez, "en la región de San Alberto ha habido un desarrollo total. Hace 10 años el municipio estaba estancado. Ahora vemos el crecimiento que ha tenido el comercio; las personas que habitan el municipio se preocupan por prepararse. Estamos convencidos de que este proceso es un mecanismo para darle desarrollo a una región. Si lo vemos aquí, entonces por qué no verlo en toda Colombia".

Asimismo, las viviendas en San Alberto y San Rafael se han valorizado con el impulso que ha ganado la zona. Para sorpresa de Lizarralde, un arriendo en estos pueblos puede equipararse a uno en ciudades tan importantes de Colombia, como pueden ser Cali, Medellín y Bogotá.

"Hemos ganado productividad. Si nosotros contribuimos a construir una comunidad empresarial, pues en la zona va a haber paz, la gente va a estar contenta, va a estar optimista mirando al futuro. En la medida en que propicie el desarrollo, el desarrollo no solamente me protege sino que además me da posibilidades para que me vaya aún mejor", asegura Lizarralde.



 
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